Categorie
Uncategorized

Venezuela, la versión de William

Geraldina Colotti

Ofrecemos a los lectores la transcripción de la conferencia dictada por William Castillo —Viceministro de Políticas Antibloqueo del Ministerio del Poder Popular de Economía y Finanzas de Venezuela, así como Director del Observatorio Nacional contra las Medidas Coercitivas Unilaterales— en el marco de los encuentros internacionales organizados semanalmente por la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y Trabajadoras del Campo, la Ciudad y la Pesca (CBST), la principal organización sindical socialista del país.

Castillo aborda sin filtros la compleja fase geopolítica que atraviesa Venezuela tras los dramáticos acontecimientos del 3 de enero y en el marco de las complejas negociaciones con Estados Unidos. En su intervención, repasa el carácter profundamente pacífico de la Revolución Bolivariana sintetizándolo en cuatro momentos clave en los que Hugo Chávez escogió la paz antes que el martirio o la devastación: el «Por ahora» del 4 de febrero de 1992, la elección de la vía político-electoral en 1994 tras salir de prisión, la aceptación del consejo de Fidel Castro durante el golpe del 12 de abril de 2002 para negociar y mantenerse con vida, y la despedida ideal de 2012 basada en la organización y la movilización de masas.

A estos cuatro momentos fundamentales identificados por Castillo, consideramos indispensable añadir un quinto, de carácter exquisitamente filosófico y político-existencial: el tránsito del clásico lema de la tradición revolucionaria del siglo XX “Patria o Muerte” (mantenido con orgullo en Cuba) a la fórmula “Viviremos y Venceremos”.

Guste o no, este cambio de paradigma —adoptado por Chávez durante su batalla contra la enfermedad a instancia de los movimientos altermundistas europeos e internacionales, de las corrientes ecologistas, feministas y del pensamiento crítico contemporáneo— no fue un simple cambio de fachada retórica. Fue la formalización de una ruptura epistemológica: la revolución socialista no como culto al sacrificio y a la destrucción física, sino como afirmación radical de la vida, de la construcción y de la esperanza.

Esta perspectiva se conecta íntimamente con el otro gran pilar de la filosofía política bolivariana: el cristianismo originario y liberador. No el dogma eclesiástico de las jerarquías, sino la teología de la liberación y el mensaje de Cristo entendido como el primer gran revolucionario de la historia, venido al mundo para rescatar a los últimos, a los oprimidos y a los descartados. En esta síntesis entre el materialismo histórico latinoamericano, el altermundismo y la praxis del amor evangélico hacia el prójimo, reside el verdadero “código genético” del proceso bolivariano.

Guste o no, es precisamente bajo esta clave de lectura —la defensa de la vida del pueblo, la preservación de la paz y el rechazo a la inmolación por un lado, y la firmeza en la defensa de la soberanía por el otro— como debe interpretarse la respuesta venezolana a la agresión asimétrica del imperialismo y la gestión política llevada a cabo hoy por la presidenta encargada Delcy Rodríguez.

Buena lectura.

SEIS MESES DE GESTION VENEZUELA RENACE.pdf

CONFERENCIA DE WILLIAM CASTILLO:

Venezuela renace: de la agresión a la negociación (Seis meses de gestión)

Voy a hablar con sinceridad, sin filtro, porque estamos entre camaradas y yo creo que el debate en todos los espacios es necesario. Nuestro pueblo quiere escuchar nuestras razones, porque toda la sociedad está bombardeada a través de estos dispositivos con mentiras y falsas narrativas sobre Venezuela. Contra nuestro país hay una campaña que lleva más de un cuarto de siglo, pero que se ha multiplicado buscando penetrar incluso en sectores obreros, gremiales y populares de otras naciones.

Como dicen los marinos: a quien no sabe dónde va ni de dónde viene, ningún viento le es favorable. Venezuela tuvo el destino histórico de parir al libertador más grande de la independencia latinoamericana: Simón Bolívar. Frente al naciente imperio estadounidense en el siglo XIX, Bolívar elaboró la Doctrina Bolivariana: la unión de nuestros pueblos, la Patria Grande, la soberanía y la defensa colectiva para no ser devorados por el monstruo. Es la contradicción histórica entre el bolivarianismo y la Doctrina Monroe (hoy actualizada), una dialéctica que se catapulta con la llegada al poder de la Revolución Bolivariana. Nuestro desafío al modelo de colonización no nace de definirnos enemigos del pueblo de Estados Unidos, sino del hecho mismo de defender la soberanía y una política propia, como lo hizo la revolución cubana o como pagó con su vida Salvador Allende.

Para entender el momento político actual y cómo hemos llegado hasta aquí, debemos mirar la naturaleza de nuestra revolución y la forma en que el Comandante Hugo Chávez siempre buscó la paz. Escribí recientemente un artículo titulado Cuatro momentos en que Chávez escogió la paz:

El 4 de febrero de 1992: Frente al fracaso del movimiento rebelde, Chávez le dice al país que no quiere más derramamiento de sangre ni más enfrentamientos entre hermanos. Asume la responsabilidad, va preso y transforma una derrota táctica en una victoria estratégica, buscando la vía de la paz en lugar de inmolarse.

En 1994: Al salir de la cárcel tras dos años de reflexión, cierra históricamente la vía de la lucha armada y dice que se va a las “catacumbas del pueblo” a construir un movimiento político y electoral. Ese camino lo llevará al poder en 1998.

El 11 de abril de 2002: Durante el golpe, mientras había gente que le pedía quedarse a morir como un héroe en el palacio, recibe la llamada de Fidel Castro, quien le dice: “Chávez, tú no puedes morir hoy, no te eligieron para inmolarte sino para construir una revolución. Negocia”. Chávez escoge vivir para seguir construyendo el proyecto, y el pueblo lo regresa al poder en 72 horas.

Su despedida en 2012: Al despedirse del país, habla de seguir construyendo la patria con la política, la organización, la ideología y la movilización popular, no con la guerra ni con la devastación. Como decía Bolívar, la paz debía ser su puerto.

La evolución de nuestras relaciones con Estados Unidos muestra una escalada continua de la agresión, marcada por dos grandes puntos de inflexión histórica:

El primer punto de inflexión (1998): La llegada del chavismo al poder rompe las relaciones de dominación que habían reducido a Venezuela, durante décadas, a una simple “franquicia petrolera” de los Estados Unidos.

El segundo punto de inflexión (2014-2015): Un año después de la siembra de Chávez, el imperialismo —calculando que sin él el proceso se caería por su propio peso— inicia una agresión sistemática, profunda e integral, centrada en la economía.

En casi doce años hemos sufrido 1.089 Medidas Coercitivas Unilaterales: bloqueo financiero, bloqueo petrolero, el robo de Citgo, el robo de nuestros activos y la invención del interinato con la pretensión de crear un “Estado fallido”.

El punto crítico de esta agresión asimétrica ocurrió con la operación y el ataque militar del 3 de enero. Desplegaron un dispositivo enorme con miles de marines y aeronaves, tomando el control tecnológico del espacio aéreo con inteligencia artificial y probando armas jamás vistas. Puestos frente a la capacidad de destrucción de una potencia nuclear que te puede borrar de la tierra en un día, nuestra dirigencia tuvo que reconfigurar la estrategia para salvar la paz y la vida del pueblo venezolano. Presentar esta reconfiguración como una traición no tiene ningún sentido: lo que estaba en juego era la supervivencia misma.

Hoy se habla de las “licencias” otorgadas por Estados Unidos en 2026. Pero las licencias no eliminan las sanciones (todavía hay 1.040 activas). Las licencias son solo la forma en que Washington administra el bloqueo: te asfixio y luego decido yo con permisos (waivers) quién puede comprar o vender. Sin embargo, en esta negociación compleja, la presidenta incaricata y el Gobierno Revolucionario tienen el deber de aprovechar cada ventana para mejorar la economía, los ingresos de los trabajadores y el sistema de protección social. ¿Qué líder no lo haría? Y hay que recordar que, tras más de una década de bloqueo, Venezuela no ha cerrado una sola escuela o universidad pública, ni ha privatizado la salud, la energía o la vivienda.

A ciertos sectores de izquierda que caen en la trampa de las redes sociales y de las noticias falsas —terminando por creerle a Donald Trump excepto cuando habla de Venezuela—, les respondo con las palabras del periodista José Roberto Duque: parece que algunos compañeros quisieran que la Revolución Bolivariana fracasara solo para ir por el mundo dando conferencias y escribiendo libros titulados “Por qué fracasó la revolución”. Pero nosotros no vinimos a escribir libros sobre nuestros fracasos: como dijo Chávez, vinimos a triunfar.

Los datos oficiales sobre el impacto económico muestran la magnitud del bloqueo:

Producción petrolera: Entre 2015 y 2020 la producción de PDVSA cayó de 2.300.000 barriles diarios al punto más bajo de 498.000 durante la pandemia (junio de 2020).

Pérdidas financieras: PDVSA perdió 232.000 millones de dólares en 7 años. ¿Qué le pasaría a la economía de cualquier otro país con semejante pérdida?

Ingresos del Estado: Los ingresos estatales cayeron de un promedio de 40.000 millones de dólares al año a apenas 743 millones. Una relación devastadora de 40 a 1.

Fue este colapso de los ingresos lo que provocó el desabastecimiento, la hiperinflación, la fuga de capitales y la migración inducida. Y sin embargo, desde ese punto mínimo, la resistencia heroica del pueblo y del gobierno construyó una estrategia antibloqueo que hoy nos muestra una curva de recuperación del PIB y de la economía. La Revolución Bolivariana está aquí, de pie, y sigue luchando por la paz y la soberanía nacional.

Lascia un commento

Il tuo indirizzo email non sarà pubblicato. I campi obbligatori sono contrassegnati *