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LETTURA OBBLIGATORIA

Eduardo Piñate,

[24 maggio 2026 alle 12:16 PM]

Discorso alla Nazione della Presidenta Incaricata Delcy Rodríguez

Sorelle e fratelli, compatrioti:

Mi rivolgo a voi nella notte più buia della nostra storia. Soltanto poche settimane fa, eravamo un popolo sovrano, con i nostri conflitti, le nostre speranze, la nostra vita normale. E in un istante, il cielo ci è crollato addosso. Siamo stati testimoni di un potere distruttivo al di là della nostra comprensione. Abbiamo perso i nostri leader, intere famiglie, pezzi delle nostre città. Il dolore che portiamo dentro è un intero Paese che piange.

A me, che non cercavo questo incarico, è toccato raccogliere i cocci. Non vi mentirò: non mi hanno scelta le urne. Mi ha scelta il caos. E ho accettato questo carico per una sola ragione: evitare che un caos maggiore, una distruzione totale, si portasse via l’ultima cosa che ci rimane: la nostra gente. Ciascuno di voi.

Per questo oggi vengo a parlarvi con la crudezza che l’ora richiede. Ci troviamo in uno stato di emergenza nazionale senza precedenti. Non è una metafora. È la realtà fisica della nostra sopravvivenza.

Oggi vi chiederete, ed è giusto che lo facciate: perché permettiamo la presenza di coloro che ci hanno attaccato, delle loro imprese, di quegli… operativi nella nostra industria petrolifera? La risposta non è facile, ma è chiara: perché non abbiamo scelta. Non è una decisione di politica estera. È un calcolo di pura e semplice sopravvivenza.

Vi spiego: l’attacco che abbiamo subito non è stato solo un bombardamento per un sequestro. È stato un messaggio. Un messaggio che diceva: “Possiamo cancellarvi dalla mappa nel giro di poche ore”. Qualsiasi gesto di rifiuto frontale, qualsiasi atto di violenza contro di loro, non sarebbe un atto di eroismo. Sarebbe un atto di suicidio collettivo. E il mio primo mandato, l’unico che mi sono imposta in questo incubo, è evitare che qualcun altro debba morire.

Il petrolio, la nostra risorsa principale, è ora la nostra unica moneta di scambio. È il prezzo di un cessate il fuoco permanente. Loro ne hanno bisogno. Noi abbiamo bisogno che non tornino a sparare. Questo non è un trattato tra nazioni. È la condizione imposta da un sopravvissuto sul punto di essere gettato da una scogliera. Aggrapparsi alla roccia, per quanto sia sgradevole, è l’unica cosa che impedisce la caduta.

Ho ascoltato le voci che mi chiamano traditrice, codarda. Le porto nel petto come un pugnale. Ma vi pongo una domanda, la domanda più difficile di tutte: cosa preferireste? Una resistenza simbolica che accenda la miccia della nostra annientamento, o la pazienza agonizzante che ci permetta di vivere un giorno in più, di respirare un giorno in più e, da lì, ricostruire? Il Venezuela non è l’unico Paese al mondo sotto minaccia e i più grandi si immobilizzano di fronte alle armi di distruzione di massa.

Io ho scelto la pazienza. Ho scelto la ricostruzione dalle macerie. Ogni barile di petrolio che esce è un giorno in più di tregua che compriamo. E in quel giorno, il nostro sacro dovere è fare tre cose: seppellire i nostri morti, prenderci cura dei nostri vivi e rafforzare la nostra casa.

Per questo, il mio governo, questo governo di emergenza, concentrerà tutte le sue energie, tutte le risorse che potremo salvare, su quanto segue:

Come prima priorità, destinare le risorse economiche che entreranno alle famiglie venezuelane. La logistica della vita.

La ricostruzione delle infrastrutture critiche: acqua, energia di base, comunicazioni.

L’unità nazionale. Non tollererò l’opportunismo, il saccheggio o la divisione. Il nostro nemico non è tra di noi. Il nostro nemico è la disperazione che ci porta a distruggerci a vicenda.

Non vi chiedo di sorridere a coloro che ci hanno ferito. Vi chiedo, con il cuore in mano, di non dare loro una scusa per finire il lavoro. La nostra forza ora non è nei pugni, che sono spezzati. È nella nostra capacità di resistere. Di essere più duri dell’acciaio. Di essere resilienti.

Eduardo Piñate,

[24 de may de 2026 a las 12:16 PM]

_*Discurso a la Nación de la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez*_hermanas y hermanos, compatriotas:

Me dirijo a ustedes en la noche más oscura de nuestra historia. Hace apenas semanas, éramos un pueblo soberano, con nuestros conflictos, nuestras esperanzas, nuestra vida normal. Y en un instante, el cielo se desplomó sobre nosotros. Presenciamos un poder destructivo más allá de nuestra comprensión. Perdimos a nuestros líderes, a familias enteras, a pedazos de nuestras ciudades. El dolor que llevamos dentro es un país entero llorando.

A mí, que no buscaba este puesto, me ha tocado recoger los pedazos. No les voy a mentir: no me eligieron las urnas. Me eligió el caos. Y acepté esta carga por una sola razón: para evitar que un caos mayor, una destrucción total, se llevara lo último que nos queda: nuestra gente. Cada uno de ustedes.

Por eso hoy vengo a hablarles con la crudeza que la hora exige. Nos encontramos en un estado de emergencia nacional sin precedentes. No es una metáfora. Es la realidad física de nuestra supervivencia.

Se preguntarán hoy, y es justo que lo hagan: ¿Por qué permitimos la presencia de quienes nos atacaron, de sus empresas, de esos… operativos en nuestra industria petrolera? La respuesta no es fácil, pero es clara: porque no tenemos elección. No es una decisión de política exterior. Es un cálculo de supervivencia pura y dura.

Les explico: el ataque que sufrimos no fue solo un bombardeo para un secuestro. Fue un mensaje. Un mensaje que decía: “Podemos borrarles del mapa en cuestión de horas”. Cualquier gesto de rechazo frontal, cualquier acto de violencia contra ellos, no sería un acto de heroísmo. Sería un acto de suicidio colectivo. Y mi primer mandato, el único que me he impuesto en esta pesadilla, es evitar que nadie más tenga que morir.

El petroleo, nuestro principal recurso, es ahora nuestra única moneda de cambio. Es el precio de un alto al fuego permanente. Ellos la necesitan. Nosotros necesitamos que no vuelvan a disparar. Este no es un tratado entre naciones. Es la condición impuesta por un sobreviviente a punto de ser arrojado de un acantilado. Agarrarse a la roca, por desagradable que sea, es lo único que impide la caída.

He escuchado las voces que me llaman traidora, cobarde. Las llevo en el pecho como un puñal. Pero les hago una pregunta, la pregunta más difícil de todas: ¿Qué preferirían? ¿Una resistencia simbólica que encienda la mecha de nuestra aniquilación, o la paciencia agónica que nos permita vivir un día más, respirar un día más, y desde ahí, reconstruir? Venezuela no es el único país del mundo bajo amenaza y los más grandes se inmovilizan ante las armas de destrucción masiva.

Yo he elegido la paciencia. He elegido la reconstrucción desde los escombros. Cada barril de petróleo que sale es un día más de tregua que compramos. Y en ese día, nuestro deber sagrado es hacer tres cosas: enterrar a nuestros muertos, cuidar a nuestros vivos y fortalecer nuestra casa.

Por eso, mi gobierno, este gobierno de emergencia, centrará todas sus energías, todos los recursos que podamos salvar, en lo siguiente:

Como primera prioridad, destinar los recursos económicos que ingresen a las familias venezolanas. La logística de la vida.

La reconstrucción de infraestructura crítica: agua, energía básica, comunicaciones.

La unidad nacional. No toleraré el oportunismo, el saqueo o la división. Nuestro enemigo no está entre nosotros. Nuestro enemigo es la desesperación que nos lleva a destruirnos unos a otros.

No les pido que les sonrían a aquellos que nos hirieron. Les pido, con el corazón en la mano, que no les den una excusa para terminar el trabajo. Nuestra fuerza ahora no está en los puños, que están quebrados. Está en nuestra capacidad de aguantar. De ser más duros que el acero. De ser resilientes.

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“No estamos dispuestos a ceder nuestra soberanía”. Entrevista exclusiva a Néstor Ovalles, dirigente sindical bolivariano

Por Geraldina Colotti

En nuestro programa semanal Rompiendo fronteras, junto con Eduardo Medina, hemos conversado con Néstor Ovalles, destacado dirigente sindical venezolano, ex ministro del Trabajo y referente de la lucha de la clase trabajadora bolivariana. Hemos analizado con él la compleja coyuntura que vive Venezuela, el papel de la clase obrera ante el asedio imperialista, las contradicciones internas y el debate en la izquierda internacional.

¿Cuál es el diagnóstico actual del movimiento sindical venezolano respecto a las condiciones de vida de la clase obrera y cómo se articula hoy la relación entre los sindicatos y el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez?

Gracias por la invitación, Geraldina, camarada, patriota de Nuestra América y del mundo. Con respecto al diagnóstico, el panorama es el efecto devastador que las medidas coercitivas unilaterales —mal llamadas sanciones— han producido en la dimensión social y económica de la clase trabajadora venezolana y de su familia. Son más de diez años y más de mil medidas coercitivas unilaterales, hoy apenas suavizadas a través de licencias que no son más que una suerte de “boleta de buena conducta” otorgada discrecionalmente por el imperialismo. Esto ha hecho retroceder los avances que en materia de salario y derechos había conquistado la clase trabajadora durante la construcción de la arquitectura social que llevó adelante el Comandante Hugo Chávez y que defendió de manera inquebrantable el presidente Nicolás Maduro.

Las condiciones han sido y son defensivas. Apelar al ingreso mínimo vital ha sido un mecanismo para mantener la capacidad adquisitiva y de demanda de la clase trabajadora, estimulando la oferta y reactivando el parque industrial y comercial tras la caída provocada por la pandemia y la pulverización previa del salario a causa del bloqueo.

En cuanto a la relación con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, es una relación de vieja data. Ella fue nuestra interlocutora directa durante varios años bajo el mandato del presidente Nicolás Maduro —hoy secuestrado en las mazmorras del imperialismo junto a esa valiente y amorosa mujer, Cilia Flores—. Delcy Rodríguez fue nuestro enlace para las discusiones con la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), la organización sindical mayoritaria del país que agrupa a más de 19 federaciones sectoriales estratégicas (petróleo, gas, telecomunicaciones, salud, educación, transporte, etc.) y 24 federaciones territoriales. Mantuvimos siempre una comunicación directa para tratar temas de ingresos, salarios y contratos colectivos. Hoy esa comunicación la canalizamos a través del comisionado para los consensos laborales, Eduardo Piñate, y periódicamente con el ministro del Trabajo, Carlos Alexis Castillo, estableciendo mesas de trabajo para que la voz de la clase trabajadora sea escuchada en temas cruciales.

A meses del secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores por parte de fuerzas estadounidenses, ¿en qué estado se encuentra la campaña por su liberación y cómo evalúan la acción internacional?

Ya van 26 videoconferencias llevadas adelante por la Comisión Internacional juramentada por el presidente constitucional Nicolás Maduro en el Congreso Nacional Constituyente Obrero del pasado mes de diciembre. Esta comisión se ha convertido en un punto de referencia para quienes luchan en América Latina, el Caribe, África, Asia, Oceanía y Europa. Viernes a viernes se conectan militantes para expresar una solidaridad conmovedora y exigir en alta voz la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores, condenando la agresión sufrida por la patria de Bolívar y Chávez desde el 3 de enero de este año 2026.

Denunciamos que el gobierno de Donald Trump utiliza licencias como la 14.733 como una bofetada al pueblo venezolano, el cual además viene de sufrir la tragedia humana y social de los dos sismos del pasado 24 de junio. A través del Departamento del Tesoro, pretenden gestionar de manera discrecional, sádica e injerencista los recursos que han sido producidos por la clase trabajadora petrolera venezolana y que hoy están represados.

Exigimos el levantamiento total e incondicional de todas las medidas coercitivas unilaterales. La Comisión Internacional ha sido nuestra principal ventana para denunciar esta guerra cognitiva e informativa, la cual busca restar cohesión al alto mando de la Revolución, fracturar la unidad cívico-militar-policial y hacer que la dirección se extravíe. Frente a eso, recordamos lo que decía el Comandante Chávez: el chavismo bolivariano es fulminante y virtuoso en la contraofensiva.

Mientras el gobierno avanza en negociaciones, desde la izquierda crítica se señala el riesgo de hacer concesiones estructurales al capital o caer en un ‘pacto de élites’. Desde la perspectiva de la clase trabajadora organizada, ¿cuál es el límite de este diálogo y de este pragmatismo táctico?

El límite infranqueable de este diálogo es ceder en lo estratégico. Hemos señalado claramente que debemos preservar los horizontes estratégicos: la soberanía sobre nuestros recursos naturales, la continuidad de la democracia bolivariana basada en las comunas y el poder constituyente que reposa en el pueblo. En eso no estamos dispuestos a ceder.

No existe tal “pacificación” o “normalización” en los términos que pretende la narrativa opositora. La pacificación ocurre cuando un ejército invasor entra, aplasta y establece un gobierno títere. En Venezuela gobierna la Revolución Bolivariana. Quienes están al frente del Estado son cuadros formados en la revolución: Delcy Rodríguez fue designada legítimamente como vicepresidenta por el presidente Nicolás Maduro y hoy ejerce como presidenta encargada según la Constitución; el presidente de la Asamblea Nacional fue electo por el pueblo y el ministro del Interior fue designado constitucionalmente. No es un gobierno instalado por marines ni juramentado en un portaaviones.

No estamos haciendo concesiones estructurales; estamos tratando de avanzar en situaciones extremadamente complejas para lograr la recuperación económica y la justa distribución de la riqueza. La presencia del capital transnacional o los contratos de producción petrolera bajo la Ley Antibloqueo ya existían antes del 3 de enero como mecanismo para evadir el asedio. En una economía fundamentalmente capitalista en transición hacia el socialismo, la presencia del capital no es una noticia nueva ni fruto de una rendición.

El captor chantajea con su fuerza en la mesa de negociación, pero el límite es la dignidad del pueblo. Vinieron por el petróleo y por la dignidad: podrán estar llevando petróleo bajo condiciones leoninas, pero la dignidad de este pueblo no se la llevarán jamás. Eso es preservar lo estratégico y girar en lo táctico.

Rechazo categóricamente la idea de un “pacto de élites”. Sería un adjetivo profundamente injusto para quienes están enfrentando condiciones tan complejas en el alto mando revolucionario tras la ausencia del líder. Si Nicolás Maduro tuviese un segundo nombre, sería Lealtad, demostrada hasta en el tribunal espurio de Nueva York al declararse un presidente secuestrado. De este lado no hay una élite, hay revolucionarios; y del otro lado hay representantes del imperialismo teledirigidos desde Washington.

La negociación es una herramienta necesaria donde hay que ser inteligentes en la estrategia y astutos en la táctica. La única ruta que exigimos desde la Central Bolivariana de Trabajadores es que la oposición vaya a las capitales donde pidió sanciones a solicitar su levantamiento y la devolución de los activos despojados a la República.

El restablecimiento de puentes diplomáticos pragmáticos con EE.UU. e interlocutores internacionales como el régimen sionista ha generado perplejidad en sectores internacionalistas. ¿Cómo se explica esta orientación a la militancia internacional?

El restablecimiento de puentes diplomáticos pragmáticos es el resultado de un país que enfrenta una realidad inédita tras el secuestro de su presidente. La diplomacia bolivariana mantiene un profundo sustrato de dignidad, soberanía e independencia.

A los sectores de la izquierda internacionalista les pedimos mayor comprensión del cuadro tan complejo que atravesamos. No permitan que las campañas sucias contra la patria de Bolívar ganen terreno. Tras la tragedia de los terremotos, Venezuela abrió sus puertas a más de 31 naciones que ofrecieron ayuda humanitaria y socorro.

Frente a cualquier duda sobre nuestros principios, la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha fijado con absoluta firmeza nuestra posición histórica de rechazo al genocidio en Gaza y de respaldo irrestricto al derecho del pueblo palestino a un Estado libre, soberano e independiente.

Frente a las narrativas que sostienen que la entrega de Maduro fue producto de una delación o traición dentro de la cúpula cívico-militar, ¿cuál es la posición oficial del movimiento obrero?

El tema de la traición ha sido una pieza central en las operaciones de guerra psicológica del enemigo. Coincido con las palabras de Nicolás Maduro Guerra: dejemos elementos para el balance posterior; habrá cosas que explicar más adelante.

Lo que está absolutamente claro e históricamente verificado es que el 3 de enero hubo un combate desigual en el que entregaron su vida 120 combatientes revolucionarios venezolanos y cubanos. La abrumadora superioridad tecnológica y aérea del enemigo fue el factor determinante para concretar la operación militar de extracción y secuestro.

Volver obsesivamente sobre la tesis de la traición es perder tiempo y hacerle el juego a la estrategia enemiga, especialmente cuando tenemos a un pueblo dedicado en una mano a levantar escombros tras dos terremotos y en la otra a resistir el chantaje de una potencia nuclear. La posición oficial del movimiento obrero ante esto es unidad férrea, lealtad al programa revolucionario y movilización permanente en respaldo a la presidenta encargada Delcy Rodríguez y al alto mando cívico-militar.

Tras el secuestro del presidente el 3 de enero, no se activó la estrategia de contención radical ni la huelga general. Desde el movimiento sindical, ¿por qué no se aplicó esta respuesta y qué factores condicionaron esa decisión?

En las horas posteriores al secuestro, mientras se hacían todos los esfuerzos para garantizar el funcionamiento de las instituciones (Asamblea Nacional, Tribunal Supremo de Justicia) y se exigía una fe de vida del presidente, surgieron voces descolocadas que pretendían pedirle a la clase obrera que le declarara una huelga general al propio gobierno revolucionario.

Lanzar una huelga insurreccional en ese momento hubiese sido un acto de infantilismo político y un harakiri. La huelga general es un arma estratégica reservada para confrontar al enemigo de clase cuando pretende derrocar el proceso, no para dispararle a nuestro propio gobierno en momentos de vulnerabilidad. La dirección de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores demostró madurez política al no caer en ese chantaje.

No íbamos a infligirnos daño a nosotros mismos ni a crear el caos que el imperialismo estaba esperando desde el 3 de enero. Cerramos filas en torno a la Constitución y al gobierno bolivariano para preservar el poder político y garantizar la continuidad de la Revolución.

Sectores de la izquierda radical afirman que Venezuela se ha convertido de facto en un protectorado estadounidense. ¿Qué responde el movimiento obrero a esta tesis?

Responder a la tesis del “protectorado” exige el mismo rigor que al tema de la traición. Teóricamente, un protectorado implica la presencia de un procónsul extranjero dirigiendo los destinos del país o la anexión territorial formal. En Venezuela rige la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, y las autoridades que ejercen el poder ejecutivo y legislativo lo hacen bajo los mecanismos constitucionales previstos ante la ausencia temporal o definitiva del presidente.

Lo que existe es una asimetría brutal de poder que no comenzó el 3 de enero. Ya en los últimos meses de 2025, el bloqueo naval en el Caribe redujo a casi cero el ingreso de divisas al país. Estamos enfrentando a un imperio poderoso prácticamente con las manos desnudas.

Pedimos al internacionalismo comprensivo que entienda esta coyuntura: Venezuela no se ha rendido ni es protectorado de nadie. La clase trabajadora sigue movilizada, consciente y en pie de lucha, resguardando la soberanía nacional y la dignidad de la Patria.